lunes, 26 de noviembre de 2007

UNIDAD 3: CONVIVENCIA EN EL PLANETA Y NECESIDADES MUNDIALES

A través de la historia, la humanidad ha concebido al planeta Tierra como su casa natural; pero, a medida que avanza el tiempo, esta noción se va desdibujando, disminuyendo. En tiempos históricos, anteriores al surgimiento del industrialismo, en todas sus facetas y dimensiones, hermanado con el capitalismo como sistema dominante, no se planteaba el dilema de elegir entre la conservación del planeta o el aumento de grandes capitales, so pena del medio ambiente. No pocos grupos sociales señalan la inmensa preocupación por la destrucción acelerada de la Tierra, sometida a una explotación indiscriminada, que supera sus capacidades de regeneración.
Unido al elemento ecológico, y como igual consecuencia del quehacer capitalista, males, igual de peligrosos para la convivencia humana, atentan contra el desarrollo humano armónico, equilibrado, justo y, sobre todo, seguro para las personas. Estos problemas se expresan en la pobreza y todas sus secuelas, la discriminación racial y étnica, exclusiones de género, guerras por el control y dominio del mundo y sus riquezas, crisis energética, entre otros. Esta realidad necesita ser conocida, analizada y atacada para que se garantice la sobrevivencia de la humanidad.
Para ello, es necesario crear y practicar una acción nueva de vida, una ética que nos permita encontrarnos con el otro ser humano y vernos en él. Debemos concientizarnos para que nuestras acciones conduzcan a la superación de estos grandes conflictos, que nos aquejan. Este es el objetivo de esta unidad III: orientarte, estimado estudiante, en un conocimiento que te permita tomar conciencia de lo planteado y revisar, constantemente, tus actuaciones individuales y colectivas, en función de un mundo mejor.
En esta unidad podrás encontrarte con reflexiones que guiarán tu conocimiento hacia el logro de un estudiante y profesional consciente de su papel ante el complejo mundo de hoy.

LECTURA Nº 17: URGENCIA DE UN ETHOS MUNDIAL

Fragmentos tomados con fines instruccionales de:

Boff, L. (2001). Ética planetaria desde el Gran Sur. Urgencia de un ethos mundial. España. Editorial Trotta. S. A. Pp. 13 – 18.








EL ETHOS MUNDIAL QUE NECESITAMOS

Son tres los problemas que suscitan la urgencia de una ética mundial: la crisis social, la crisis del sistema de trabajo y la crisis ecológica. Todas estas crisis son de dimensiones planetarias.

1. Problemas globales – soluciones globales
En primer lugar, la crisis social. Sus indicadores son evidentes y no hay necesidad de exponerlos. El cambio de naturaleza en la actividad tecnológica, mediante la robotización y la informatización, ha favorecido una fantástica producción de riquezas. Riquezas de la que se apropian, de forma altamente desigual, grandes corporaciones transnacionales y mundiales que vienen a ahondar más aún el abismo existente entre ricos y pobres. Esa acumulación es injusta, porque está pésimamente distribuida. Los niveles de solidaridad entre los humanos han retrocedido a los tiempos de la barbarie más cruel.
Este hecho despierta un fantasma aterrador: la posible bifurcación dentro de la especie humana. Por un lado, se configura un tipo de humanidad opulenta, situada en los países centrales, que controla los procesos científico-técnicos, económicos y políticos y en el oasis de los países periféricos, en la que viven las clases privilegiadas. Todos ellos se benefician de los avances científico-técnicos, de la biogenética, de la manipulación de los recursos naturales y viven en sus refugios cerca de 120 ó 130 años, tiempo biológico de nuestras células. Por otro lado, está la vieja humanidad, que vive con la presión de mantener un status de consumo razonable o simplemente en la pobreza, en la marginación o en la exclusión. Éstos, los desheredados y excluidos, viven como siempre ha vivido la humanidad y alcanzan, como mucho, un promedio de 60 – 70 años de expectativa de vida.
En segundo lugar, la crisis del sistema de trabajo: las nuevas formas de producción, cada vez más automatizadas, prescinden del trabajo humano; en su lugar, entra la máquina inteligente. De este modo se destruyen puestos de trabajo y se hacen innecesarios los trabajadores, creando un inmenso ejército de excluidos en todas las sociedades mundiales.
Esta transformación, en la propia naturaleza del proceso tecnológico, exige un nuevo patrón civilizatorio. Habrá desarrollo sin trabajo. La cuestión principal ya no será el trabajo, que en el futuro, podrá ser el lujo de algunos, sino el ocio. ¿Cómo pasar de una sociedad de pleno empleo a una sociedad de plena actividad que garantice la subsistencia individual? ¿Cómo conseguir que el ocio sea creativo, que realice las virtualidades humanas? Liberado del régimen asalariado, a que fue sometido por la sociedad productivista moderna, especialmente la capitalista, el trabajo volverá a su naturaleza original: la actividad creadora del ser humano, la acción plasmadora de lo real, el demiurgo que convertirá los sueños y las virtualidades presentes en los seres humanos en acciones sorprendentes y en obras que expresarán lo que es y lo que puede la creatividad humana ¿Estamos preparados para este salto cualitativo encaminado a la plena expresión humana?
En tercer lugar, emerge la crisis ecológica. Los escenarios son también ampliamente conocidos, difundidos no sólo por reconocidos institutos de investigación que se preocupan por el estado global de la Tierra, sino también por la misma Cruz Roja Internacional y por diversos organismos de la ONU. En las últimas décadas, hemos construido el principio de autodestrucción. La actividad humana, irresponsable ante la máquina de muerte que ha creado, puede ocasionar daños irreparables en la biosfera y destruir las condiciones de vida de los seres humanos. En una palabra, vivimos bajo una grave amenaza de desequilibrio ecológico, que puede afectar a la tierra como sistema integrador de sistemas. La Tierra es como un corazón. Gravemente lesionado, el resto de los organismos vitales se verán afectados: los climas, aguas potables, la química de los suelos, los microorganismos y las sociedades humanas. La sustentabilidad del planeta, tejida por miles de millones de años de trabajo cósmico, puede verse desbaratada. La Tierra buscará un nuevo equilibrio que, seguramente, traerá consigo una inmensa devastación de vidas. Este principio de autodestrucción invoca urgentemente otro, el principio de corresponsabilidad que deriva de nuestra existencia como especie y como planeta. Si queremos continuar la aventura terrenal y cósmica, tenemos que tomar decisiones colectivas que estén ordenadas a la salvaguarda de la creación y al mantenimiento de las condiciones generales que permitan a la evolución seguir su curso, todavía abierto.
2. La revolución posible en tiempos de globalización
La causa principal de la crisis social está vinculada al modo en que las sociedades modernas se organizan en cuanto al acceso, la producción y la distribución de los bienes naturales y culturales. Este modo es profundamente desigual, porque privilegia a las minorías que detentan el tener, el poder y el saber frente a las grandes mayorías que viven del trabajo; en nombre de tales títulos, se apropian de manera privada de los bienes producidos por el esfuerzo de todos. Los vínculos de solidaridad y de cooperación no son axiales, sino que el eje lo constituyen la actividad individual y la competitividad, creadoras permanentes de la segregación social de millones y millones de marginados, de excluidos y víctimas.
La raíz de la alarma ecológica reside en el tipo de relación que los humanos han mantenido, en los últimos siglos, con la Tierra y con sus recursos: una relación de dominio, de no reconocimiento de su alteridad y de falta del cuidado necesario y del respeto imprescindible que exige toda alteridad. El proyecto científico-tecnológico, con las características que hoy posee, sólo ha sido posible porque existía subyacente la voluntad de poder y de estar sobre la naturaleza y no junto a ella y porque se ha destruido la conciencia de una gran comunidad biótica, terrenal y cósmica, en la que se encuentra inserto el ser humano, junto con los demás seres.
Esta constatación no representa una actitud oscurantista frente al saber científico-técnico y de la forma que ha sido apropiado en el seno de un proyecto de dominium mundi. Este proyecto implica la destrucción de la alianza de convivencia armónica entre los seres humanos y la naturaleza, a favor de intereses exclusivamente utilitarista y escasamente solidarios. No se ha tenido en cuenta la subjetividad, la autonomía y la alteridad de los seres y de la propia naturaleza.
No obstante, es importante reconocer que el proyecto científico-tecnológico ha aportado innumerables comodidades para la existencia humana. Nos ha llevado hasta el espacio exterior, creando la posibilidad de supervivencia de la especie homo sapiens/demens en caso de una eventual catástrofe antropológica. Ha universalizado formas de mejora de vida (en la salud, vivienda, transporte, comunicaciones, etc.) como nunca antes se había producido en la historia humana. Por tanto, ha desempeñado una función liberadora inestimable. Hoy, sin embargo, la prolongación de este tipo de apropiación utilitarista y antiecológica puede alcanzar límites infranqueables y, por tanto, desastrosos. De hecho, para conservar el patrimonio natural y cultural acumulado tenemos que cambiar. Si no cambiamos de paradigma civilizatorio, si no reinventamos unas relaciones más benéficas y sinérgicas con la naturaleza y de mayor colaboración entre los diversos pueblos, culturas y religiones, difícilmente podremos mantener la sustentabilidad necesaria para realizar el proyecto humano, abierto al futuro y al infinito.
Para resolver estos tres problemas globales, en realidad, se debería hacer una revolución también global. Sin embargo, en nuestra opinión, el tiempo de las revoluciones clásicas, las que se han producido y que conocemos, pertenece a otro tipo de historia, caracterizada por las culturas regionales y por los estados-nación. Para la revolución global aludida, sería necesaria una ideología revolucionaria global, con unos líderes sociales globales que estuvieran articulados de tal modo y que tuvieran tal cohesión y tanto poder, que fueran capaces de imponerse a todos. Ahora bien, esta situación ni se da ni, posiblemente, se dará en un futuro próximo. Los problemas piden a gritos un encauzamiento, pues sin él podemos ir al encuentro de lo peor.
La solución que muchos analistas proponen y que nosotros asumimos ─y que constituye la razón de nuestro texto─ es encontrar un nuevo fundamento para el cambio necesario. Este fundamento debería descansar en algo que fuera realmente común y global, de fácil comprensión y realmente viable. Partimos de la hipótesis de que ese fundamento debería ser ético, una ética mínima a partir de la cual se abrirían posibilidades de solución y de salvación de la Tierra, de la humanidad y de los desempleados estructurales.
Acertadamente lo reconoció el exgobernador de Brasilia, el pedagogo y economista Cristovam Buarque: «El programa de erradicación de la pobreza no será resultado de una evolución social, ni será posible con el poder exclusivo de un único partido; sea cual sea el gobierno, será necesaria una base de apoyo amplia, basada en la coalición que se hará por razones éticas mucho más que por razones políticas» (A segunda abolição, Paz e Terra, Rio de Janeiro 1999, p.30).
Así pues, se debería establecer, en esta línea, un pacto ético fundado, como veremos, no tanto en la razón ilustrada, cuanto en el pathos, es decir, en la sensibilidad humanitaria y en la inteligencia emocional expresadas por el ciudadano, la responsabilidad social y ecológica, por la solidaridad generacional y por la compasión, actitudes estas capaces de conmover a las personas y de moverlas a una nueva práctica histórico-social liberadora. Urge una revolución ética mundial.
Esta revolución ética debe concretarse dentro de la nueva situación en que se encuentran la Tierra y la humanidad: el proceso de globalización que configura una nueva plataforma de realización de la historia y del propio planeta. En este marco han de emerger la nueva sensibilidad y el nuevo ethos, una revolución posible en estos tiempos de globalización.
Por ethos entendemos el conjunto de las intuiciones, de valores y principios que orientan las relaciones humanas con la naturaleza, con la sociedad, con las alteridades, con uno mismo y con el sentido trascendente de la existencia: Dios.
Este ethos nace limpio de deseos, del mismo modo que Atenea nació completamente armada de la cabeza de Júpiter. Pero, toda ética nace de una nueva óptica. Y toda nueva óptica irrumpe de una profunda inmersión en la experiencia del ser, de una nueva percepción del todo ligado, «religado» en sus partes y conectado con la fuente originaria, de donde dimanan todos los entes.

LECTURA Nº 18: LA CARTA DE LA TIERRA
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:

Boff, L. (2001). Ética planetaria desde el Gran Sur. La carta de la tierra. España. Editorial Trotta. S. A. Pp. 105 – 115.









Nota explicativa: Querido estudiante, queremos que sepas que, a nivel mundial, muchas personas y organizaciones están preocupadas por el futuro del planeta y esto se ha expresado, desde hace más de medio siglo, a través de creaciones de grupos, organizaciones no gubernamentales, organismos gubernamentales, entre otros. De esta preocupación, surge, en la década de los años 90, el llamado Consejo de la Tierra, con sede en Costa Rica, que junto al conocido movimiento Cruz Verde Internacional, asumieron la responsabilidad de elaborar un documento, con repercusiones mundiales, para resguardar la tierra y que denominaron “La Carta de la tierra”. En 1992, en el contexto de la Cumbre de la Tierra, realizada en Río de Janeiro, se intentó elaborar este documento para ser leídos y cumplidos por todos los países asistentes a dicho evento, pero no se logró el consenso. En 1997, se elabora el primer borrador, el cual fue sometido a un proceso de consulta hasta 1999. La redacción final se logra del 12 al 14 de marzo de 2000, en reunión del Consejo de la Tierra, realizado en la sede de la UNESCO, en París. Allí, la UNESCO asume la Carta. Pero, aun esta redacción final está en proceso de revisión y enriquecimiento, con el fin de lograr el respaldo de la ONU, el cual aún no se ha logrado.
LA CARTA DE LA TIERRA
Preámbulo
Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro depara, a la vez, grandes riesgos y grandes promesas. Para seguir adelante, debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global, sostenible y fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. En torno a este fin, es imperativo que nosotros, los pueblos de la Tierra, declaremos nuestra responsabilidad unos hacia otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones futuras.
La Tierra, nuestro hogar
La humanidad es parte de un vasto universo evolutivo. La Tierra, nuestro hogar, está viva con una comunidad singular de vida. Las fuerzas de la naturaleza promueven a que la existencia sea una aventura exigente e incierta, pero la Tierra ha brindado las condiciones esenciales para la evolución de la vida. La capacidad de recuperación de la comunidad de vida y el bienestar de la humanidad dependen de la preservación de una biosfera saludable, con todos sus sistemas ecológicos, una rica variedad de plantas y animales, tierras fértiles, aguas puras y aire limpio. El medio ambiente global, con sus recursos finitos, es una preocupación común para todos los pueblos. La protección de la vitalidad, la diversidad y la belleza de la Tierra, es un deber sagrado.

La situación global
Los patrones dominantes de producción y consumo están causando devastación ambiental, agotamiento de recursos y una extinción masiva de especies. Las comunidades están siendo destruidas. Los beneficios del desarrollo no se comparten equitativamente y la brecha entre ricos y pobres se está ensanchando. La injusticia, la pobreza, la ignorancia y los conflictos violentos se manifiestan por doquier y son la causa de grandes sufrimientos. Un aumento sin precedentes de la población humana ha sobrecargado los sistemas ecológicos y sociales. Los fundamentos de la seguridad global están siendo amenazados. Estas tendencias son peligrosas, pero no inevitables.

Los retos venideros
La elección es nuestra: formar una sociedad global para cuidar la Tierra y cuidarnos unos a otros o arriesgarnos a la destrucción de nosotros mismos y de la diversidad de la vida. Se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida. Debemos darnos cuenta de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el desarrollo humano se refiere primordialmente a ser más, no a tener más. Poseemos el conocimiento y la tecnología necesarios para proveer a todos y para reducir nuestros impactos sobre el medio ambiente. El surgimiento de una sociedad civil global, está creando nuevas oportunidades para construir un mundo democrático y humanitario. Nuestros retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales, están interrelacionados y juntos podemos proponer y concretar soluciones comprensivas.

Responsabilidad Universal
Para llevar a cabo estas aspiraciones, debemos tomar la decisión de vivir de acuerdo con un sentido de responsabilidad universal, identificándonos con toda la comunidad terrestre, al igual que con nuestras comunidades locales. Somos ciudadanos de diferentes naciones y de un solo mundo al mismo tiempo, en donde los ámbitos local y global, se encuentran estrechamente vinculados. Todos compartimos una responsabilidad hacia el bienestar presente y futuro de la familia humana y del mundo viviente en su amplitud. El espíritu de solidaridad humana y de afinidad, con toda la vida, se fortalece cuando vivimos con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y con humildad con respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza.
Necesitamos urgentemente una visión compartida sobre los valores básicos que brinden un fundamento ético para la comunidad mundial emergente. Por lo tanto, juntos y con una gran esperanza, afirmamos los siguientes principios interdependientes, para una forma de vida sostenible, como un fundamento común, mediante el cual se deberá guiar y valorar la conducta de las personas, organizaciones, empresas, gobiernos e instituciones transnacionales.


PRINCIPIOS
I. RESPETO Y CUIDADO DE LA COMUNIDAD DE LA VIDA

1. Respetar la Tierra y la vida en toda su diversidad.
a. Reconocer que todos los seres son interdependientes y que toda forma de vida independientemente de su utilidad, tiene valor para los seres humanos.
b. Afirmar la fe en la dignidad inherente a todos los seres humanos y en el potencial intelectual, artístico, ético y espiritual de la humanidad.
2. Cuidar la comunidad de la vida con entendimiento, compasión y amor.
a. Aceptar que el derecho a poseer, administrar y utilizar los recursos naturales conduce hacia el deber de prevenir daños ambientales y proteger los derechos de las personas.
b. Afirmar, que a mayor libertad, conocimiento y poder, se presenta una correspondiente responsabilidad por promover el bien común.
3. Construir sociedades democráticas, que sean justas, participativas, sostenibles y pacíficas.
a. Reconocer que la libertad de acción de cada generación se encuentra condicionada por las necesidades de las generaciones futuras.
b. Promover la justicia social y económica, posibilitando que todos alcancen un modo de vida seguro y digno, pero ecológicamente responsable.
4. Asegurar que los frutos y la belleza de la Tierra se preserven para las generaciones presentes y futuras.
a. Reconocer que la libertad de acción de cada generación se encuentra condicionada por las necesidades de las generaciones futuras.
b. Transmitir a las futuras generaciones valores, tradiciones e instituciones, que apoyen la prosperidad a largo plazo, de las comunidades humanas y ecológicas de la Tierra.
Para poder realizar estos cuatro compromisos generales, es necesario:

II. INTEGRIDAD ECOLÓGICA
5. Proteger y restaurar la integridad de los sistemas ecológicos de la Tierra, con especial preocupación por la diversidad biológica y los procesos naturales que sustentan la vida.
a. Adoptar, a todo nivel, planes de desarrollo sostenible y regulaciones que permitan incluir la conservación y la rehabilitación ambientales, como parte integral de todas las iniciativas de desarrollo.
b. Establecer y salvaguardar reservas viables para la naturaleza y la biosfera, incluyendo tierras silvestres y áreas marinas, de modo que tiendan a proteger los sistemas de soporte a la vida de la Tierra, para mantener la biodiversidad y preservar nuestra herencia natural.
c. Promover la recuperación de especies y ecosistemas en peligro.
d. Controlar y erradicar los organismos exógenos o genéticamente modificados, que sean dañinos para las especies autóctonas y el medio ambiente; y además, prevenir la introducción de tales organismos dañinos.
e. Manejar el uso de recursos renovables como el agua, la tierra, los productos forestales y la vida marina, de manera que no se excedan las posibilidades de regeneración y se proteja la salud de los ecosistemas.
f. Manejar la extracción y el uso de los recursos no renovables, tales como minerales y combustibles fósiles, de forma que se minimice su agotamiento y no se causen serios daños ambientales.
6. Evitar dañar como el mejor método de protección ambiental y cuando el conocimiento sea limitado, proceder con precaución.
a. Tomar medidas para evitar la posibilidad de daños ambientales graves o irreversibles, aun cuando el conocimiento científico sea incompleto o inconcluso.
b. Imponer las pruebas respectivas y hacer que las partes responsables asuman las consecuencias de reparar el daño ambiental, principalmente para quienes argumenten que una actividad propuesta no causará ningún daño significativo.
c. Asegurar que la toma de decisiones contemple las consecuencias acumulativas, a largo término, indirectas, de larga distancia y globales de las actividades humanas.
d. Prevenir la contaminación de cualquier parte del medio ambiente y no permitir la acumulación de sustancias radioactivas, tóxicas u otras sustancias peligrosas.
e. Evitar actividades militares que dañen el medio ambiente.
7. Adoptar patrones de producción, consumo y reproducción que salvaguarden las capacidades regenerativas de la Tierra, los derechos humanos y el bienestar comunitario.
a. Reducir, reutilizar y reciclar los materiales usados en los sistemas de producción y consumo y asegurar que los desechos residuales puedan ser asimilados por los sistemas ecológicos.
b. Actuar con moderación y eficiencia al utilizar energía y tratar de depender cada vez más de los recursos de energía renovables, tales como la solar y eólica.
c. Promover el desarrollo, la adopción y la transferencia equitativa de tecnologías ambientalmente sanas.
d. Internalizar los costos ambientales y sociales totales de bienes y servicios en su precio de venta y posibilitar que los consumidores puedan identificar productos que cumplan con las más altas normas sociales y ambientales.
e. Asegurar el acceso universal al cuidado de la salud que fomente la salud reproductiva y la reproducción responsable.
f. Adoptar formas de vida que pongan énfasis en la calidad de vida y en la suficiencia material en un mundo finito.
8. Impulsar el estudio de la sostenibilidad ecológica y promover el intercambio abierto y la extensa aplicación del conocimiento adquirido.
a. Apoyar la cooperación internacional científica y técnica sobre sostenibilidad, con especial atención a las necesidades de las naciones en desarrollo.
b. Reconocer y preservar el conocimiento tradicional y la sabiduría espiritual en todas las culturas que contribuyen a la protección ambiental y al bienestar humano.
c. Asegurar que la información de vital importancia para la salud humana y la protección ambiental, incluyendo la información genética, esté disponible en el dominio público.

III. JUSTICIA SOCIAL Y ECONÓMICA
9. Erradicar la pobreza como un imperativo ético, social y ambiental.
a. Garantizar el derecho al agua potable, al aire limpio, a la seguridad alimenticia, a la tierra no contaminada, a una vivienda y a un saneamiento seguro, asignando los recursos nacionales e internacionales requeridos.
b. Habilitar a todos los seres humanos con la educación y con los recursos requeridos para que alcancen un modo de vida sostenible y proveer la seguridad social y las redes de apoyo requeridos para quienes no puedan mantenerse por sí mismos.
c. Reconocer a los ignorados, proteger a los vulnerables, servir a aquellos que sufren y posibilitar el desarrollo de sus capacidades y perseguir sus aspiraciones.
10. Asegurar que las actividades e instituciones económicas, a todo nivel, promuevan el desarrollo humano de forma equitativa y sostenible.
a. Promover la distribución equitativa de la riqueza dentro de las naciones y entre ellas.
b. Intensificar los recursos intelectuales, financieros, técnicos y sociales de las naciones en desarrollo y liberarlas de onerosas deudas internacionales.
c. Asegurar que todo comercio apoye el uso sostenible de los recursos, la protección ambiental y las normas laborales progresivas.
d. Involucrar e informar a las corporaciones multinacionales y a los organismos financieros internacionales para que actúen transparentemente por el bien público y exigirles responsabilidad por las consecuencias de sus actividades.
11. Afirmar la igualdad y equidad de género como prerrequisito para el desarrollo sostenible y asegurar el acceso universal a la educación, el cuidado de la salud y la oportunidad económica.
a. Asegurar los derechos humanos de las mujeres y las niñas y terminar con toda la violencia contra ellas.
b. Promover la participación activa de las mujeres en todos los aspectos de la vida económica, política, cívica, social y cultural, como socias plenas e iguales en la toma de decisiones, como líderes y como beneficiarias.
c. Fortalecer las familias y garantizar la seguridad y la crianza amorosa de todos sus miembros.
12. Defender el derecho de todos, sin discriminación, a un entorno natural y social que apoye la dignidad humana, la salud física y el bienestar espiritual, con especial atención a los derechos de los pueblos indígenas y las minorías.
a. Eliminar la discriminación en todas sus formas, tales como aquellas basadas en la raza, el color, el género, la orientación sexual, la religión, el idioma y el origen nacional, étnico o social.
b. Afirmar el derecho de los pueblos indígenas a su espiritualidad, conocimientos, tierras, recursos y a sus prácticas vinculadas a un modo de vida sostenible.
c. Honrar y apoyar a los jóvenes de nuestras comunidades, habilitándolos para que ejerzan su papel esencial en la creación de sociedades sostenibles.
d. Proteger y restaurar lugares de importancia que tengan un significado cultural y espiritual.

IV. DEMOCRACIA, NO VIOLENCIA Y PAZ
13. Fortalecer las instituciones democráticas en todos los niveles y brindar transparencia y rendimiento de cuentas en la gobernabilidad, participación inclusiva en la toma de decisiones y acceso a la justicia.
a. Sostener el derecho de todos a recibir información clara y oportuna sobre asuntos ambientales, al igual que sobre todos los planes y actividades de desarrollo que los pueda afectar o en los que tengan interés.
b. Apoyar la sociedad civil local, regional y global y promover la participación significativa de todos los individuos y organizaciones interesados en la toma de decisiones.
c. Proteger los derechos a la libertad de opinión, expresión, reunión pacífica, asociación y disensión.
d. Instituir el acceso efectivo y eficiente de procedimientos administrativos y judiciales independientes, incluyendo las soluciones y compensaciones por daños ambientales y por la amenaza de tales daños.
e. Eliminar la corrupción en todas las instituciones públicas y privadas.
f. Fortalecer las comunidades locales, habilitándolas para que puedan cuidar sus propios ambientes y asignar la responsabilidad ambiental en aquellos niveles de gobierno en donde puedan llevarse a cabo de manera más efectiva.
14. Integrar en la educación formal y en el aprendizaje a lo largo de la vida, las habilidades, el conocimiento y los valores necesarios para un modo de vida sostenible.
a. Brindar a todos, especialmente a los niños y los jóvenes, oportunidades educativas que les capaciten para contribuir activamente al desarrollo sostenible.
b. Promover la contribución de las artes y de las humanidades, al igual que de las ciencias, para la educación sobre la sostenibilidad.
c. Intensificar el papel de los medios masivos de comunicación en la toma de conciencia sobre los retos ecológicos y sociales.
d. Reconocer la importancia de la educación moral y espiritual para una vida sostenible.
15. Tratar a todos los seres vivientes con respeto y consideración.
a. Prevenir la crueldad contra los animales que se mantengan en las sociedades humanas y protegerlos del sufrimiento.
b. Proteger a los animales salvajes de métodos de caza, trampa y pesca, que les causen un sufrimiento extremo, prolongado o evitable.
c. Evitar o eliminar, hasta donde sea posible, la toma o destrucción de especies por simple diversión, negligencia o desconocimiento.
16. Promover una cultura de tolerancia, no violencia y paz.
a. Alentar y apoyar la comprensión mutua, la solidaridad y la cooperación entre todos los pueblos tanto dentro como entre las naciones.
b. Implementar estrategias amplias y comprensivas para prevenir los conflictos violentos y utilizar la colaboración en la resolución de problemas para gestionar y resolver conflictos ambientales y otras disputas.
c. Desmilitarizar los sistemas nacionales de seguridad al nivel de una postura de defensa no provocativa y emplear los recursos militares para fines pacíficos, incluyendo la restauración ecológica.
d. Eliminar las armas nucleares, biológicas y tóxicas y otras armas de destrucción masiva.
e. Asegurar que el uso del espacio orbital y exterior apoye y se comprometa con la protección ambiental y la paz.
f. Reconocer que la paz es la integridad creada por relaciones correctas con uno mismo, otras personas, otras culturas, otras formas de vida, la Tierra y con el todo más grande, del cual somos parte.